Bueno, pues siguiendo el hilo de otra entrada reciente sobre las exposiciones de barroco que ahora proliferan aquí y allá, nada más suculento que el artículo que Francisco Calvo Serraller dedica al tema, en el que intenta dar su interpretación de por qué se ha producido esta atención internacional al gran estilo nacional español.
Su análisis refleja a la perfección la tradicional lectura hispanófila del y de lo barroco. Dice:
"Además de que se haya producido una feliz coincidencia y de que este interés haya ido en aumento a lo largo del siglo XX, me atrevería a decir que ha tenido no poca influencia en ello la crisis del modelo eurocéntrico, interpretado como el canon anglosajón, protestante y burgués, que ha sido hasta hace poco el dominante. En efecto, frente al puritanismo luterano, racionalista, sobrio e higiénico, la efectista explosión barroca, sensual y brillante, con su probada capacidad para el mestizaje antropológico y formal, supone un orden alternativo más elástico e inclusivo. Por último, al haber sido rechazado de entrada, no había sido visto, con lo que se entiende el favor que suscita en lugares donde hasta fechas recientes era una exótica rareza."
O sea, el barroco español ofrece la salida idónea a la modernidad nórdica enquistada. El barroco, ese estilo "denostado", según Calvo Serraller en el mismo artículo, habría estado agazapado durate siglos a la espera de su reconocimiento y triunfo final. En pocas palabras, parece sugerir que España siempre está por delante de los demás, y que respecto a los sentimientos de inferioridad sólo es una cuestión de tiempo el que se demuestren equivocados.
Así, el autor, identifica el barroco con la esencialista capacidad de la cultura española para ser universal, integradora, etc., cuando a nadie se nos puede escapar que el barroco español en América fue un ejercicio de aculturación, imperialista, tras cuyas fachadas doradas se esconde una de las mayores tragedias socioculturales de la historia.

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