Durante la revolución mexicana: “En todo el territorio constitucionalista se abrieron más oficinas de bienes intervenidos, en las cuales algunos generales descubrieron oportunidades irresistibles de hacer negocios particulares. Las fuerzas conquistadoras también desahogaron sus ansias de venganza. Empujados por su rencor contra la Iglesia –vieja animosidad anticlerical de los liberales del norte aguzada por la colaboración de los católicos, los obispos y la ACJM con Huerta-, algunos generales dieron rienda suelta a una furia especial contra los templos y los sacerdotes.”
Timothy Anna, Jan Bazant, Friedrich Katz, John Womack, Jean Meyer, Alan Knight, Peter H. Smith, Historia de México, Crítica, Barcelona, 2001 (Cambridge University Press, 1985), p.169

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