Servando Teresa de Mier, Memorias. Un fraile mexicano desterrado en Europa, Trama Editorial, Madrid, 2006 (circa 1818)
12 de diciembre de 1794: su famoso sermón guadalupano
Se decía "viva el rey" cuando la gente se manifestaba contra el virrey… paradoja de dislocación. P. 21
“Los indios se amontonaron para pedir algo, como nosotros amontonamos todos los santos en un día, ut multiplicatis intercessoribus largiaris.”
“Es frase entre los literatos de Castilla para expresar que alguna pieza está muy tosca y macarrónica, decir que está muy dominica”.34
Dominico: “un hombre de instrucción tan grosera como su trato; meros escolásticos rancios, sin ninguna tintura de bellas artes u otros conocimientos amenos y sustanciales.” 34
“¿Cómo me dormí tanto? Ha amanecido.” 35 (poema)
Los gringos, “en cuarenta años han llegado a nueve millones [de habitantes], de dos y medio que eran cuando la insurrección. Nosotros, al contrario, éramos cien millones cuando la conquista, y hoy apenas llegamos a nueve, contando con el reino de Guatemala, porque hemos adoptado todos los medios de impedir y disminuir la población.” 68
“Las actas del Concilio Nacional están impresas, habiéndolas recogido un taquígrafo, es decir, un hombre que escribe tan veloz como se habla, arte conservado en Inglaterra, que antiguamente usaron los romanos y acababa de perfeccionarse en Francia, donde aún se diversificó con notas musicales y de otras maneras, como también se comenzó a practicar la pasigrafía. O arte de entender lo que se escribe con cualquier lengua, sin entenderla […] que llegó a perfeccionarse en Prusia con muy pocas cifras.” 75
Cree en la predicación de Santo Tomás Apostol en América. 77
“¿Qué más se puede decir, sino que en los lugares solo el cura y el sacristán saben leer? No encontrábamos a veces en un batallón entero quien supiera leer para hacerlo cabo, y había capitanes que tampoco sabían, y sus asistentes les hacían los partes. Nos preguntaban en Cataluña, durante la guerra, si el rey de Castilla que nosotros teníamos era el mismo suyo. El nuestro, decían, es el rey de Madrid. No es esto de admirar en Cataluña. En Madrid, diciendo yo que era de México: ‘¡Qué rico será su rey de ustedes, pues de allá viene tanta plata!’. En la oficina del rey en Madrid me sucedió entrar, y diciendo que era americano se quedaron admirados. ‘Pues usted no es negro’ –me decían. Por aquí ha pasado ahora un paisano de usted, me decían los frailes de San Francisco de Madrid, y preguntándoles cómo lo conocían, me respondieron que era negro. En las Cortes, el procurador de Cádiz, clérigo filipense, preguntó si los americanos éramos blancos y profesábamos la religión católica. En algunos lugares, oyendo que yo era de América, me pedían razón de fulano o zutano; es fuerza que usted lo conozca, me decían, pues tal año pasó a las Indias. Como que éstas se redujesen a algún lugarejo.” 93
En Roma: “Dada la bendición vuelan unos papeles que contienen las indulgencias concedidas por la bendición. No hay otro espectáculo igual, sino el del Corpus, que anda alrededor de la Plaza de San Pedro; el Papa va también en andas, juantas las manos e inclinado ante el pie de la custodia, y parece que va de rodillas. Y no va sino sentado. Causa la ilusión un velo que lo rodea colgando en contorno hasta la cintura.” 102
El juego de la lotería: “Se hace de él un espectáculo, como Roma acostumbra hacerlo todo. En la plaza de la Rota está tendido el pueblo con sus papeles en la mano. El balcón de la Rota lo ocupan algunos monseñores, con su vestido episcopal, notarios, etc. En medio, peinado y vestido, un niño de la inclusa levanta su manita y la presenta al pueblo, saca su cédula, y la van viendo los prelados, etc., y llegando al pregonero, vestido de ropa talar encarnada, grita muy despacio: Número tal. A este grito se sigue un súbito murmullo de los que pierden o ganan, como un bramido de mar. Y lo mismo se repite a cada uno de los tres números.” 115
“Casi el día que llegué vi por la calle de Atocha una procesión, y preguntando qué era, me dijeron que era la Virgen p… Y es que como la imagen es hermosa, la asomaba por entre rejas una alcahueta para atraer parroquianos.” 139
“Los mexicanos son aborrecidos en Filipinas como opresores, porque llevados por fuerza llegan hechos soldados.” 273

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