“El jugador Garrincha, nuestro Aleijadinho del fútbol, parece corporeizar ese espíritu barroco por excelencia: simboliza el esfuerzo sin funcionalidad, el deleite y el desperdicio, el placer y el erotismo del regate como actividad lúdica, una trasgresión de lo útil: en pocas palabras una no-búsqueda del gol. En ese sentido, se puede entender la génesis de sus regates en la gestualidad libertaria y desreprimida del brasileño”.
José Carlos Marques, Breves estudos sobre futebol, esporte e cultura no Brasil (en google scholar), p.17
España o México son similares, aunque con la salvedad de que no son negros, como los brasileños: juegan por placer, deben tener un estilo, si ganan y juegan mal se les acusa de “vencen pero no convencen”; los italianos o alemanes no les importa jugar bien o mal, simplemente les importa ganar. El catenaccio italiano, cerrazón defensiva total sin interesarle el espectáculo, está basado en ganar, en nada más. A España o México, cuando hay que ganar, es porque se va perdiendo el partido y hay que echar lo que hay que echar por las bravas.
Las guerras floridas buscaban lo mismo: no matar al enemigo, sino matarlo “bonito” más tarde, dentro de un ritual pactado por vencedores y vencidos.

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