Barcelona 2159. La guerra de la cultura
Barcelona, 27 de julio de 2159 (12:10 pm). Primeras imágenes en vivo del momento en que las masas atacan los museos de la ciudad. La guerra durará 1 semana.
Barcelona, 27 de julio de 2159 (12:10 pm). Primeras imágenes en vivo del momento en que las masas atacan los museos de la ciudad. La guerra durará 1 semana.
Y en la misma línea del post anterior, he recuperado una noticia que salió ya hace un tiempo (1999) sobre un monumento a la Guardia Civil en Madrid. Amigos, ¿se lo imaginan?

Según el Rey de España, "el arte nos cohesiona y engrandece como sociedad, al tiempo que nos proyecta como país fuera de nuestras fronteras". Para el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, "la cultura española es raíces e identidad y, sin ellas, no se puede ir a ninguna parte, no hay cohesión y orgullo de pertenencia, ni solidaridad [...] La globalización no puede acabar con lo nuestro, con lo que nos cohesiona como pueblo".
Esta obsesión por definir el arte como fenómeno identitario parece un chiste y nos deberíamos reir... o no?
Ver noticia completa.
Estocolmo. Suecia. El Museo Histórico de la ciudad (Historiska Museet) es toda una lección sobre cómo presentar un relato de la identidad nacional. Es muy difícil ver hoy en Europa y en el mundo una interpretación tan objetivamente crítica de lo "propio", de lo "nacional", aportando al visitante una distancia constructiva tan inteligente como enriquecedora de los modelos con que se ha ido pergeñando la misma idea de historia como de nación. Para sacarse el sombrero.
El museo está dedicado a la cultura vikinga y a la Edad Media. Sólo entrar, uno se encuentra con el siguiente aviso:
O sea, cuidado (nos dicen) que los vikingos ni son suecos ni Suecia existía, por lo que intentar cualquier discurso de legitimación nacional en el pasado hará aguas.
Poco después, una sala recoge las diferentes interpretaciones interesadas que se han hecho de los vikingos en la propia Suecia, desde el siglo XIX y sus obsesiones de creación de un "dominio" histórico nacional, hasta el siglo XX con sus lecturas raciales y biologistas hasta los intentos por parte de la democracia de hacerse con una visión "pacífica" de la cultura de antaño.
En un plafón final, una vikinga negra, con la siguiente leyenda:
Pero la cosa no acaba ahí. En salas posteriores, en un brillante despliegue museístico, se nos interroga directamente sobre quién escribe la historia, preveniendo al público sobre la cuestión. Incluso muestran en clave del todo irónica a los próceres de la ciencia histórica responsables de los relatos que hemos heredado (Mommsen, etc):

Otro interrogante de lo más sutil: nos preguntan sobre cómo se ha organizado el mundo como archivo y a quién responde esa categorización:
Y nos muestran visualmente qué ha salido elegido y qué se ha decidido que no tiene importancia. De forma verdaderamente fácil de entender:
¿Por qué elegimos unos objetos y no otros?
Y aún más allá: ¿quién nos cuenta de los objetos que nunca se han encontrado?

Insisto en que muy pocas veces, por no decir ninguna, puede uno ver algo así en los cientos de museos históricos que recorren las capitales de los estados, siempre obsesionados en justificar lo nacional trazando líneas argumentales que se sumergen en los tiempos más remotos, identificando orígenes con maneras de ser.
Ni en los museos de Francia, Inglaterra, Alemania, Austria, Italia, México, Chile, Rusia, Bélgica, Suiza, Estados Unidos, Finlandia, por citar algunos, podemos encontrar cosas así.
Y de España, ¿qué podemos decir? Visitar el Museo de América en Madrid no sólo es un insulto a la inteligencia del visitante, sino un oprobio hacia los países americanos. Un museo obsesionado en presentar a las hijas de la madre patria como si se les hiciera un favor, esforzándose en dar una lectura cientifista con los viajes de Malaspina que apenas puede esconder el profundísimo sentido colonialista que opera detrás.
¿Qué decir de la famosa calavera que presidía hace unos años el recorrido del Museu d'Història de Catalunya, en Barcelona, junto a una etiqueta que lo databa hacía 3 mil años y que nos daba a entender que estábamos antes el primer catalán? ¿Qué decir del Museo Sabino Arana, en la sede del PNV de Bilbao, en donde guardan en una urna de vidrio un trozo de madera quemada perteneciente a la barandilla de la casa del fundador del partido y del país, orígen icónico de lo euskaldún?
Para que en la península encontremos museos como el de Historia de Estocolmo deberán pasar muchos años en los que tendremos que seguir rindiendo cuentas a una historiografía rancia y casposa completamente alejada de interpretaciones críticas, objetivas y distanciadas.
Para acabar con un ejemplo de cómo están las cosas en España, nada mejor que echar una ojeada al pasaporte español actual. ¿Alguien se ha dado cuenta de su aberrante gráfica? Una gráfica establecida en el año 2003, no en 1903. La primera página ya nos muestra un mapa del Atlántico con los viajes de Colón y con las 3 carabelas.

Pero eso no es todo. En las páginas sucesivas, se nos muestran diversos animales y sus procesos migratorios por el mundo, dando literalmente a entender que la llegada de los españoles a América fue un proceso natural, biológico, inevitable, de la misma manera que las ballenas recorren las corrientes marinas del mundo. Sin comentarios.

En fin, felicidades al Museo de Historia de Estocolmo.
Impulsado por el colectivo de danza La Porta de Barcelona, se ha inaugurado un proyecto de reflexión sobre la política cultural en Catalunya durante los últimos años que se inicia con una serie de entrevistas a ex-responsables institucionales: Gemma Sendra, Xavier Marcé i Berta Sureda. Está claro que se cubren algunas espaldas, pero no deja ser interesante apreciar algunas cuestiones que se plantean.
Proyecto Menoslobos: http://www.menoslobos.org/
Texto del escritor Matthew Tree sobre las relaciones entre Catalunya y España. Aunque podrían matizarse algunas de las cosas que dice, por ejemplo poniendo ejemplos de otras lenguas presentes en la Gran Bretaña aparte del inglés (galés, escocés, irlandés) su radiografía sobre la percepción española del y de lo catalán es bastante atinada, si quitamos el puntito apocalíptico que la preside.
Acceder a texto (en catalán e inglés): m-tree-sobre-catalunya.pdf
Gracias a Curro Claret por la noticia.
Jesús Villar, un científico español, denuncia el estado de la inversión pública en ciencia. La conclusión final no puede ser más atinada: "No queremos un país medieval en el que solo caben los funcionarios, las artes y los oficios". Funcionarios, artes y oficios; la Cultura de Estado como cerca del corral social.
Yo no diría "país medieval", más bien "barroco", pero, para el caso, es lo mismo.
Ver texto completo.
Interesante debate sobre los nuevos libros de texto escolares en México: los nuevos textos gratuitos con los que arranca la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB) eliminan la Conquista de México y los tres siglos de dominación y colonialismo español.
Desde la reunificación, se están produciendo unos preocupantes movimientos ideológicos, políticos y culturales en Alemania que afectan seriamente una memoria crítica de la historia del país, mediante un intento de volver a poner en la mesa una lectura nacionalista trasnochada, profundamente prusiana -en el peor sentido histórico del término- y heredera de las más rancias y peligrosas lecturas culturales de la historia germana. Porque la cultura es precisamente el vehículo que se blande para conseguir el objetivo, que no es otro que recuperar solemnemente el espíritu imperialista alemán a través de la excusa de la "reconciliación" tras el fin de la Guerra Fría. Reconciliación entre países, pero sobre todo reconciliación nacional con el pasado. La cultura, por tanto, como marca nacional de Alemania, es la herramienta apropiada para reconstruir un cierto sentido de ciudadanía. Ya hemos visto en otro lugar como esa idea ficticia de ciudadanía ha movido los hilos de muchas de las políticas culturales que conocemos.
El tema que en concreto nos ocupa es la campaña de reconstrucción del Berliner Schloss (Palacio Berlinés) y su reconversión en el Humboldt Forum, en homenaje al naturalista y geógrafo alemán Alexander von Humboldt, quien exploró tierras americanas a principios del siglo XIX, trayendo consigo vastas informaciones sobre el mundo natural y cultural americano. La idea es convertir el palacio en un gran museo que reúna gran parte de las colecciones etnográficas y antropológicas alemanas dispersas hoy en otros centros.
Es difícil encontrar actualmente en el mundo un ejercicio semejante de etnocentrismo decimonónico, actualizado en nombre de la globalización y de un nacionalismo "ecuménico", que pretende dar a entender un nuevo orden de cosas tras la Guerra Fría, que no es otro que el mismo orden previo a ésta. Se trata de la "reconciliación" entre países (sobre todo, dentro de la misma Alemania); un "nuevo" sistema de relaciones globales basado en el germen de la ilustración europea del siglo XVIII, ahora supuestamente adoptado a escala universal.
Para ir abriendo boca, las autoridades han abierto una exposición en el Altes Museum, en la que se despliegan algunos de los contenidos que habría en el nuevo museo. La muestra despliega un concepto museográfico como si la museografía se hubiera detenido a principios del siglo XIX y las ciencias sociales no hubieran evolucionado en absoluto: sociedades y objetos, personas y animales se colocan todas en un mismo plano taxonómico, taxidérmico y naturalista al servicio del ideal categorizador de una sociedad -la alemana- intérprete del mundo y de sus significados. Sólo falta el "Negro de Banyoles".
Algunas imágenes lo dicen todo:
Humboldt se muestra como el padre popular y fundador de las ciencias en América Latina. Paternalismo y exotización van de la mano.
Todo el globo está conectado directamente a Berlín mediante cordones umbilicales. El mundo existe gracias a que Alemania es capaz de interpretarlo "adecuadamente".
Rituales, lugares y objetos son considerados de la misma manera: listas catalogables.
Algunas de las citas escogidas en los plafones de la muestra no pueden esconder el profundo carácter etnocéntrico de la mirada propuesta. El lenguaje, además, transporta a ciénagas posrománticas alemanas, llenas de cadáveres.
Al final de la muestra, se exhibe, por el contrario, la aportación de la cultura alemana al mundo: ciencia, progreso, técnica, modernidad.
Paralelamente, se ha abierto un punto de información para atraer a los ciudadanos berlineses, alemanes y a los turistas, a fin de que colaboren en el proyecto mediante donaciones y participaciones de todo tipo, comprometiendo a la ciudadanía en el esfuerzo "nacional" de reconstrucción de la "comunidad".
Los donantes pueden ejercer su participacion adquiriendo restos o copias de restos de la antigua arquitectura del lugar. Los ejemplos, en fin... lo dicen todo por sí mismos.
Ciertamente es difícil no tener presente otras imágenes de maquetas urbanas de Berlín, de especial devoción nazi:

La batería promocional y propagandística no acaba ahí. Se han editado webs, periódicos y panfletos que, sin lecturas demasiado atentas, ya dan una idea de quien está detrás y de lo que se persigue. Quizás esto es especialmente sorprendente, que no se esconden en absoluto, que no hay sutileza alguna. Las siguientes imágenes están extraídas del periódico The Berliner Schloss Post, con dos versiones en inglés y alemán, editado para la ocasión.

En la portada, el presidente federal alemán exclama su alegría.

El mundo, en el centro de Berlín. Humboldt nos mira a la cara, mientras un lugareño, en pose sumisa, le entrega un objeto. Alemania, Europa, se convierten en el "demiurgo", en el eslabón sustancial en la cadena de valor entre Naturaleza (los otros) y Civilización (Kultur), entre el pasado (colonialismo) y "nosotros", la modernidad, el espectador.

Los productos culturales de los "otros" son simples manifestaciones eróticas y exóticas -como reza el pie de foto-, mientras las obras de las paredes son verdaderas pinturas.


Comentarios de VIPs: arquitectos, políticos, artistas, incluso Goethe, renacido entre los muertos opina sobre el tema, sólo que con una frase verdaderamente reveladora, cuya presencia únicamente puede explicarse por el entusiasmo que los organizadores ponen: "De las mentiras y la imaginación el arquitecto crea un tercer elemento que nos encanta".

Sí, sí, Henry Kissinger en persona.

La reconciliación és la llama que guía el proyecto. La reconciliación del pasado oscuro de Alemania, se entiende:

"Soy judío y me gustaría hacer algo hacia la reconciliación".


Al ciudadano se le pide que "muestre su espíritu público" con las donaciones. De alguna manera, todo esto ya nos debe sonar a los que vivimos el Forum de las Culturas de Barcelona en 2004: "Paz, tolerancia y sostenibilidad". ¿Quién podía estar en contra de semejantes argumentos? Los críticos del Forum, que argumentaban que todo era una operación inmobiliaria y de marca, eran aquellos que no querían adherirse a esas premisas, que no eran "buenos ciudadanos".
Afortunadamente, han aparecido algunos colectivos berlineses que se oponen frontalmente a esta monstruosidad cultural y política. Entre ellos, un nutrido grupo de creadores de la ciudad ha organizado el AntiForum Humboldt, desplegando toda una serie de actividades, tanto de denúncia como de reflexión, con el objetivo de paralizar la operación.

Los días 11 y 12 de julio reunieron un gran número de personas en el Sophie Theater de Berlin y en la Humboldt Universitat. En estas jornadas, se expusieron las razones críticas de la denúncia del proyecto, así como una serie de reflexiones sobre las diversas estrategias de "Nation-branding" desarrolladas en otros contextos, como Rúsia, Reino Unido, China, Bolivia o España.
En breve, se producirán otros encuentros para tratar temas como las exposiciones poscoloniales o el concepto de restitución cultural.
Para seguir estas actividades, consultar la web de la plataforma:
http://www.humboldtforum.info/