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Category: el (d)efecto barroco

los topes: historia de una tecnología social

siroco 28/03/2007 @ 17:41

Los topes: historia de una tecnología social. Alguien debería escribir una tesis doctoral al respecto. La función de los topes en las calzadas es evidente: sirve para comercializar. En muchos lugares, los vendedores escriben la S sobre la T, y así se ahorran la publicidad de su changarro de sopes. Los topes sirven para charlar entre carros sin que nadie pueda echarlo en cara. Los topes ayudan al buen negocio de las autopartes. Al mismo tiempo, los topes, en la mayoría de los casos, son colocados por la gente, no por las autoridades. Alguien, precisamente vendiendo sopes junto a un tope, me dijo, riendo: "Bueno, jefe, no se preocupe, los topes son necesarios, son nuestras estaciones de servicio, porque no olvide quye las carreteras en México son de primera, porque no se puede poner segunda”.

nórdicos vs "el gozo del error"

siroco 28/03/2007 @ 17:33

Es interesante ver los ataques de "caótica latinidad" que les entran a algunos nórdicos:

“Más de una vez lo confieso, había disfrutado esa rarefacción, ese despojamiento de una pintura de Reforma, esa estética de la película desnuda y lo estrictamente utilitario que rehusa la profundidad y el conflicto como la sangre y el pus. Pero había acabado por sofocarme. Me hacía falta probar de nuevo el gozo del error, de sucumbir a la confusión de los sentidos, de perderse en fin y dejarse llevar por las apariencias como se pierde uno en Venecia por las calli o en las medinas marroquíes en el dédalo polvoriento, maloliente y perfumado de los zocos”.

Jean Clair, La responsabilidad del artista, Visor, Madrid, 1998, p.84 (París, 1997)

de taniel morales

siroco 28/03/2007 @ 17:31

“En el Barrio de Santa María en Florencia, se venden sedas desde el siglo X… En la ciudad de México, mercados como el de Tlatelolco o Tepito existen desde hace más de 900 años. Es decir, si mi vida se viera sometida a un guión típico de ciencia ficción y viajara 900 años al pasado a la Ciudad de México, es probable que no entendiera nada del idioma, pero probablemente sabría dónde conseguir una tela, una vasija o algo de fruta.”

Taniel Morales

el facha de Maeztu y la ética del fracaso

siroco 28/03/2007 @ 17:29

Otro ejemplo del barroco y la hispanidad como la ética del fracaso. En este caso es del ilustre facha Ramiro de Maeztu:

"El ideal hispánico está en pie. Lejos del ser agua pasada, no se superará mientras quede en el mundo un solo hombre que se sienta imperfecto."

Ramiro de Maeztu, Antología de Acción Católica, no. 89, Salamanca, 1937

extractos de las memorias de Servando Teresa de Mier

siroco 28/03/2007 @ 17:27

Servando Teresa de Mier, Memorias. Un fraile mexicano desterrado en Europa, Trama Editorial, Madrid, 2006 (circa 1818)

12 de diciembre de 1794: su famoso sermón guadalupano

Se decía "viva el rey" cuando la gente se manifestaba contra el virrey… paradoja de dislocación. P. 21

“Los indios se amontonaron para pedir algo, como nosotros amontonamos todos los santos en un día, ut multiplicatis intercessoribus largiaris.”

“Es frase entre los literatos de Castilla para expresar que alguna pieza está muy tosca y macarrónica, decir que está muy dominica”.34

Dominico: “un hombre de instrucción tan grosera como su trato; meros escolásticos rancios, sin ninguna tintura de bellas artes u otros conocimientos amenos y sustanciales.” 34

“¿Cómo me dormí tanto? Ha amanecido.” 35 (poema)

Los gringos, “en cuarenta años han llegado a nueve millones [de habitantes], de dos y medio que eran cuando la insurrección. Nosotros, al contrario, éramos cien millones cuando la conquista, y hoy apenas llegamos a nueve, contando con el reino de Guatemala, porque hemos adoptado todos los medios de impedir y disminuir la población.” 68

“Las actas del Concilio Nacional están impresas, habiéndolas recogido un taquígrafo, es decir, un hombre que escribe tan veloz como se habla, arte conservado en Inglaterra, que antiguamente usaron los romanos y acababa de perfeccionarse en Francia, donde aún se diversificó con notas musicales y de otras maneras, como también se comenzó a practicar la pasigrafía. O arte de entender lo que se escribe con cualquier lengua, sin entenderla […] que llegó a perfeccionarse en Prusia con muy pocas cifras.” 75

Cree en la predicación de Santo Tomás Apostol en América. 77

“¿Qué más se puede decir, sino que en los lugares solo el cura y el sacristán saben leer? No encontrábamos a veces en un batallón entero quien supiera leer para hacerlo cabo, y había capitanes que tampoco sabían, y sus asistentes les hacían los partes. Nos preguntaban en Cataluña, durante la guerra, si el rey de Castilla que nosotros teníamos era el mismo suyo. El nuestro, decían, es el rey de Madrid. No es esto de admirar en Cataluña. En Madrid, diciendo yo que era de México: ‘¡Qué rico será su rey de ustedes, pues de allá viene tanta plata!’. En la oficina del rey en Madrid me sucedió entrar, y diciendo que era americano se quedaron admirados. ‘Pues usted no es negro’ –me decían. Por aquí ha pasado ahora un paisano de usted, me decían los frailes de San Francisco de Madrid, y preguntándoles cómo lo conocían, me respondieron que era negro. En las Cortes, el procurador de Cádiz, clérigo filipense, preguntó si los americanos éramos blancos y profesábamos la religión católica. En algunos lugares, oyendo que yo era de América, me pedían razón de fulano o zutano; es fuerza que usted lo conozca, me decían, pues tal año pasó a las Indias. Como que éstas se redujesen a algún lugarejo.” 93

En Roma: “Dada la bendición vuelan unos papeles que contienen las indulgencias concedidas por la bendición. No hay otro espectáculo igual, sino el del Corpus, que anda alrededor de la Plaza de San Pedro; el Papa va también en andas, juantas las manos e inclinado ante el pie de la custodia, y parece que va de rodillas. Y no va sino sentado. Causa la ilusión un velo que lo rodea colgando en contorno hasta la cintura.” 102

El juego de la lotería: “Se hace de él un espectáculo, como Roma acostumbra hacerlo todo. En la plaza de la Rota está tendido el pueblo con sus papeles en la mano. El balcón de la Rota lo ocupan algunos monseñores, con su vestido episcopal, notarios, etc. En medio, peinado y vestido, un niño de la inclusa levanta su manita y la presenta al pueblo, saca su cédula, y la van viendo los prelados, etc., y llegando al pregonero, vestido de ropa talar encarnada, grita muy despacio: Número tal. A este grito se sigue un súbito murmullo de los que pierden o ganan, como un bramido de mar. Y lo mismo se repite a cada uno de los tres números.” 115

“Casi el día que llegué vi por la calle de Atocha una procesión, y preguntando qué era, me dijeron que era la Virgen p… Y es que como la imagen es hermosa, la asomaba por entre rejas una alcahueta para atraer parroquianos.” 139

“Los mexicanos son aborrecidos en Filipinas como opresores, porque llevados por fuerza llegan hechos soldados.” 273

la teoría del "indio que llevamos dentro"

siroco 28/03/2007 @ 17:23

He aquí una de las tesis del fracaso hispánico frente a la potencia estadounidense: se debe al hecho de "llevar a los indios" dentro de la nación.

La decadencia de Hispanoamérica, según los ilustrados, se debía a la religión y a la gran presencia de indígenas. Será la propia Ilustración española y criolla quienes más daño harán a los grupos indígenas. Las posturas racionales y centralistas ilustradas (y más tarde tras la independencia del país) prohibirán el uso de lenguas distintas a la española, lo que nunca había ocurrido bajo el reinado de los Austrias. Por otro lado, la "razonable" protección de la corona al derecho adquirido de tierras será ninguneado por la nueva clase política mexicana.

Más tarde, José Vasconcelos también tratará la cuestión. Por un lado, Vasconcelos se apena de que no se hubiera acabado con el indio, por el otro, alega su presencia para subrayar la bondad del sistema mexicano.Qué barroco!

“Reconozcamos que fue una desgracia no haber procedido con la cohesión que demostraron los del Norte; la raza prodigiosa, a la que solemos llenar de improperios, sólo porque nos ha ganado cada partida de la lucha secular. Ella triunfa porque aúna sus capacidades prácticas con la visión clara de un gran destino. Conserva presente la intuición de una misión histórica definida, en tanto que nosotros nos perdemos en el laberinto de quimeras verbales. Parece que Dios mismo conduce los pasos del sajonismo, en tanto que nosotros nos matamos por el dogma o nos proclamamos ateos. ¡Cómo deben de reir de nuestros desplantes y vanidades latinas estos fuertes constructores de imperios! Ellos no tienen en la mente el lastre ciceroniano de la fraseología, ni en la sangre los instintos contradictorios de la mezcla de razas disímiles; pero cometieron el pecado de destruir esas razas, en tanto que nosotros las asimilamos, y esto nos da derechos nuevos y esperanzas de una misión sin precedente en la historia”.

José Vasconcelos, La raza cósmica, Porrúa, México, 2003 (1925), 13-14

democracia y catolicismo

siroco 28/03/2007 @ 13:00

“Con frecuencia los católicos españoles tenemos que oir que no estamos acomodados a la vida democrática. Esta acusación puede producir inseguridad y malestar en algunos de nosotros. Vale la pena que nos preguntemos seriamente si la fe cristiana dificulta realmente el desarrollo de una cultura democrática […] La democracia ha nacido precisamente en el seno de los países de cultura cristiana […] Sin exageración podemos decir que los principios que rigen la vida democrática han nacido del cristianismo, en alusión a los principios de igualdad de las personas y el de la soberanía de los pueblos, o al concepto de autoridad como servicio al bien común y no como dominio o imposición”.

Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Fernando Sebastián
El País, 19-10-04

barroco: arte de la información reservada

siroco 28/03/2007 @ 12:51

Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del otro, FCE, México, 1987

Moctezuma equivoca una y otra vez el lenguaje de comunicación con los españoles y hace todo lo contrario de lo que debería hacer para lograr los fines prácticos que se propone.

Cortés no es barroco, es puro renacimiento. Lo primero que hace es buscar un intérprete. Le interesa conocer los signos, no sus referentes. Busca la utilidad, tiene los fines claros: conquistar un imperio, “no a comerciar”, como hace entender a los aztecas. “La conquista de la información lleva a la conquista del reino”.

El barroco es el arte de dominar la información en beneficio propio. Esto ya es cosa mia.

ética y práctica

siroco 28/03/2007 @ 12:48

“La iniciativa de los pensadores [barrocos] quedó limitada al tratamiento de detalles formales respecto a algunas tesis, en lugar de emplearse en la valoración de las tesis en sí”. Irving Leonard, 48.

Tesis de Paz, en Laberinto: El revolucionario es siempre radical, no anhela corregir los abusos, sino los usos mismos. No como el gringo, que no pone en solfa el sistema general, sino los detalles que lo mejoran. p. 157

agarren el metro de una vez

siroco 28/03/2007 @ 12:35

¿Por qué los pueblos con más de 20 o 30 siglos de historia exigen a una nación como México (a la que curiosamente sólo se le otorgan cinco siglos) o como otras naciones americanas (o africanas) que sean modernas, que respondan rápida y certeramente a los problemas y las cuestiones sociales y culturales del mundo moderno… y aún más a los propios problemas surgidos de una cultura que, sí, sólo tiene 500 años de rodaje?

Bonfill Batalla en México Profundo, apunta eso, que se trata de una nación joven que debe encontrar sus propias preguntas y respuestas, y dejar de lado las preguntas y respuestas impuestas desde sociedades y culturas ya bien armadas.

Es sorprendente observar el interés constante en defender un determinado espíritu mexicano: sólo por poner algunos eslabones conocidos de la línea: Ramos (infantilidad e inferioridad: el querer y no poder), Paz (la soledad del incomprendido), Bartra (la melancolía)… todo ello no es más que un discurso de clase, que nomina al ser mexicano en sus términos más despectivos: pachuco, pelado, agachado, etc. Una clase blanca que impone sus preguntas (en parte injustas, porque son de clase) y sus respuestas (globalizadoras y justificadoras):

Samuel Ramos, El perfil del hombre y la cultura en México, 1934
Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1950
Roger Bartra, La jaula de la melancolía, 1984

Bartra dice que la melancolía del mexicano lo sitúa en el espectro histórico global de la melancolía… esto es, dentro del aparato de la modernidad definida por Europa. Sin embargo, no cita a Benjamin, a Schlegel, ni siquiera al Barroco, con su enorme dimensión respecto al tema. Tampoco se da cuenta de la especificidad de la supuesta existencia de una dimensión melancólica en el espíritu individual mexicano. Tampoco establece la radical diferencia entre melancolía y nostalgia, fundamental para entender un proyecto optimista de una pesimista.

Los indios no se andan preguntando qué son, ni los comerciantes mestizos, ni los taxistas… se trata de una reflexión de la clase media intelectual. La intelectualidad mexicana blanca del siglo XX se siente vacía, impotente frente a la modernidad. Se siente inferior, sola y melancólica.

¿En qué país se pueden ver semejante cantidad de libros dedicados a la identidad? La identidad, ¿le interesa al mexicano o solo a los intelectuales? ¿No se trata más bien de la identidad del intelectual? ¿Por qué los escritores, artistas, curadores, cineastas buscan con tanto denuedo y afán su legitimación internacional? ¿No será que lo que mejor se vende de México es la discusión turistizada de la identidad? ¿Por qué toda la discursión acaba definiendo al indio como inferior, solitario y melancólico, y por lo tanto digno de enaltecerse?

¿Qué tipo de antropología y sociología se practica en México? Es que no se han enterado que la vida de la gente se constituye de usos y prácticas cotidianas que se van modelando gracias a una constante negociación con el entorno? ¿Cómo se puede sostener la búsqueda de una supuesta esencia del mexicano ante la mera vista de lo que ocurre en las calles? Dejen de agarrar sus carros y métanse en los metros y peseros. Dénse un baño de pueblo. Porque donde algunos ven pelaos, pachucos y agachados, otros muchos ven gente chambeando.

Porque la gente en México se inventa a sí misma cada día. Y es quizás por eso que los intelectuales, en su afán de inventarse de una vez por todas, buscan esforzadamente inventar a los demás, quienes desde luego, viven completamente ajenos a los “eurekas” proferidos desde la UNAM y desde las tribunas escrituriales. Por eso ven pachucos donde hay gente inventándose la chamba, gente sobreviviendo ante la ausencia de sistema; o mejor, ante la fenomenal presencia de un simulacro de sistema.

Un taxista de Oaxaca, que había trabajado en los Estados Unidos, comentaba lo siguiente: “Verán, allí no hay nada mágico, ni milagroso, como aquí tampoco hay nada del otro mundo. Simplemente allí uno va a lo que va. Se cumplen las ocho horas… y te pagan religiosamente, sin pendejadas. Buscan lo práctico, lo mismo que todos lo queremos acá. El problema es que acá, pues ya sabe… un tantito de trabajar, un poco de cotorreo, un toque de mota… La raza aquí quiere lo mismo que allí… entonces, ¿dónde está el problema?”. ¿Hay aquí alguna noción de esencialidad, de diferencia fundamental entre sociedades, de choque de culturas, de abismos civilizatorios?

Porque donde ustedes ven melancólicos por todas partes, sólo se vé gente somnolienta con los párpados semicerrados que se levanta muy pronto para ir a trabajar, porque los trayectos urbanos son enormes. Cuando llaman solitarios a los mexicanos del DF, ¿han ido alguna vez a Alemania o a los Estados Unidos, y se han percatado del absoluto anonimato y soledad en los que muchas gentes pululan? O digámoslo por activa, ¿han entrado en los mercadillos alrededor del Zócalo y se han dado cuenta del enorme nivel de sociabilidad que hay entre las gentes que trabajan en ellos? Y cuando, desde las ventanillas de sus carros, ven caras de pachucos con “graves conflictos de inferioridad” en los autobuses, ¿no parecen darse cuenta de que les miran porque se dicen a sí mismos: ¡qué rápido llega ese guey a casa!?

Solucionen las circunstancias, el escenario, y verán cómo la esencia de lo mexicano les hará reir. Por ejemplo, arreglen el problema de la corrupción, suban el sueldo a los policias, hagan verdaderamente laica la escuela pública, arreglen las carreteras y verán como la cuestión de la mexicanidad se reduce a la celebración de la victoria del equipo mexicano en el mundial de futbol y a la consideración de la ranchera, pues como algo propio de México, lo mismo que la hamburguesa es propia de los gringos. La mexicanidad se convertirá en algo diario, una práctica cotidiana, en un quehacer colectivo no escrito en mayúsculas. Porque lo esencial se ha construido obviando las circunstancias en las que las gentes operan sus vidas. Circunstancias, como la corrupción por volver al ejemplo, que en nada son esenciales tampoco, sino fruto del constante “hablar” entre los actores que la activan. Y de tanto hablar, se hacen endémicas, pero nunca perennes: ¿dónde se ha visto que una actitud social sea perenne?

Y por seguir con el dichoso ejemplo de la corrupción, tan caro en el debate y la realidad mexicanas. Muchos pueden pensar que estas líneas son demagógicas, porque están convencidos de que la corrupción es un efecto del “ser” mexicano. Señores intelectuales, ¿han pensado alguna vez que la corrupción no es más que el lógico resultado del quehacer de las gentes ante la nulidad del sistema? ¿que se trata de la forma social más habitual entre los pueblos que carecen de colchón político de abrir camino, de saltarse los pantanosos vericuetos de una institucionalidad simulada, de hacer simple lo que de otra manera sería imposible? Pero la corrupción no es igual en todas partes. Desde luego que no. En México, la mordida y el tráfico de influencias tiene que ver con la adopción de un régimen comercial de las relaciones sociales ante la falta de régimen político. Todo se negocia, todo se vende y todo se compra. Absolutamente todo; entonces, ¿de que esencialidad estamos hablando?

Veámoslo desde un punto de vista europeo. El motor de las sociedades o grupos que funcionan con el secreto es el juramento de fidelidad al otro, que al mismo tiempo es un juramento de mantener el secreto. Este juramento altera radicalmente las relaciones sociales: crea una intensa relación de fidelidad y al mismo tiempo una radical y amenazadora relación con el otro. Desde el momento en que uno jura compartir un secreto se convierte en alguien capaz de traicionarlo. La traición sólo existe en la medida en que alguien de "dentro" desvela los mecanismos. Porque la traición es la traición de un secreto y la corrupción es habitualmente secreta, cesando su existencia cuando se muestra públicamente. Pues bien, en México está claro que la cosa no funciona así. Porque la corrupción no es algo secreto, sino que es una fórmula pública tan extendida como cualquier otra en el diario hacer y deshacer de la nación y de sus gentes. El ejemplo más evidente es que nadie dimite de sus cargos al encontrársele flagrantemente corrupto ni nadie se rasga las vestiduras a no ser que se quiera utilizar la corrupción del “otro” como arma arrojadiza para desviar la atención sobre la de “uno”. Si la corrupción no es secreta, entonces no hay secretos con los que negociar, sino, a lo mucho, se trata de una cuestión de mantenimiento de formas. Con el uso intensivo de este mecanismo formal, aceptado por la mayoría de la gente, la corrupción deja de ser una relación de poder para pasar a conformarse como una delicada y sutil forma de sistema. O para ir al grano, el sistema mismo. Así pues, ¿deberíamos seguir llamándolo corrupción o tendríamos que aceptar que nos encontramos simplemente ante el sistema mismo, sin más?

Por el mero hecho de que casi todos nosotros no estamos dispuestos a llegar a tal absurdidad, se deduce que tampoco aceptamos que la corrupción sea esencial al mexicano, ergo, queremos y podemos cambiar la situación, ya que si ésta sí es endémica, siempre estamos a tiempo de negociarla. La corrupción, pues, no es algo propio del mexicano, sino que es un tipo de negociación que puede sustituirse por otra más util a la gente. No se trata de bondades ni éticas, sino de ser prácticos, que de eso se trata la vida social de los pueblos.

Es de dificil comprensión, por tanto, ver a muchos intelectuales mexicanos, todos y sin excepción de clase media alta (como en todas partes, desde luego, aquí tampoco hay nada esencialmente mexicano), juzgar los comportamientos de la clase trabajadora o de las clases directamente excluidas con el argumento de que van a contrapelo de lo que les “conviene”, como si la gente fuera estúpida, como si ni fuera no fuera práctica con lo que tiene a mano y amara el suicidio. El derecho de esta clase acomodada de hablar y opinar de las castas inferiores, incluso el de patalear sobre las mismas, ciertamente es suyo y legítimo, pero erigirse en jueces sobre sus complejísimos sistemas de negociación vital en una sociedad tan dinámica como la mexicana, es un patético ejercicio de sordera y de anquilosamiento social. Quizás deberían replantearse sus maximalistas discursos y dedicarse a estudiarse a sí mismos antropológicamente; esto es, a situar sus propios debates de clase en el toma y daca natural de las negociaciones diarias. Pero hay algo más. En todas partes del país se oye la frase “la clase media está desapareciendo”. Si ello fuera así, que no lo es en absoluto (porque, ¿quién tiene la prerrogativa de llamarse clase media cuando siempre hay alguien al lado que es más pobre que uno?), entonces quizás habría que preguntarse hasta qué punto los intelectuales que se erigen como auténticos estandartes de la verdadera clase media moderna no llenan las librerías de analíticos estudios sobre la mexicanidad simplemente como un acto de autoafirmación excluyente, porque saben que fuera de sus castillos nadie ha descubierto aún que el mexicano tenga problemas “porque sí”, sea inferior, solitario o melancólico porque está escrito en el libro de los tiempos.

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